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BUCAREST:
Bucarest, la capital de Rumanía, es para muchos una desconocida a la cual insisten en confundir con su vecina Budapest. Su único parecido está en el nombre. Una de las cosas que más llama la atención a cualquier visitante español es la herencia latina de este lugar. De hecho, el idioma rumano, un derivado del latín, no es nada complicado, sino una curiosa mezcla de italiano, catalán y francés. Por ejemplo: la cuenta se dice "nota de plata", el museo se dice "muzeul" y de nada: "cu placere" . Pero la sencillez del idioma no es el único motivo para la comprensión mutua. Los naturales de Bucarest son abiertos, comunicativos y con muchas ganas de agradar al extranjero. El turista es el rey. Hoteles y espías
Restaurantes con serenata
Para esto lo mejor es acercarse a Casa Vernescu, un antiguo palacio en el corazón de Bucarest que transporta al comensal a una época dorada. En los salones palaciegos se puede degustar un exquisito solomillo con foie-gras fundido. Si lo que buscamos es algo más intimo, no hay más que ir al Bistro Atheneu es el restaurante más popular de Bucarest. Su menú de cocina tradicional rumana varía todos los días. La decoración es acogedora y un dúo de violines ameniza la velada. Ópera por 650 pesetas
En el Atheneum, un original edificio circular de estilo modernista, se pueden escuchar todos los días conciertos de muy buena calidad por un precio de risa: 500 pesetas. El edificio es en sí es una joya : las escaleras de acceso tienen forma de caracola y la sala de conciertos está decorada con frescos que representan la historia de Rumanía. El edificio de la ópera no es tan espectacular, pero sería una pena perderse excelentes versiones de La Bohème, Carmen o La Traviata desde un palco por 650 pesetas. En esta ciudad conviven las obras megalomaníacas de Ceausescu con el legado de Drácula. Ese es parte de su encanto, descubrelo. |
EDIFICIOS DEL PASADO EN BUCAREST
Si hay algo en Bucarest que salta a la vista es el gigantesco Palacio del Parlamento o Casa del Pueblo, el segundo edificio más grande del mundo tras el Pentágono de los EE.UU. Esta inmensa pirámide truncada se puede divisar desde casi cualquier punto de Bucarest. Fue el último legado del dictador Ceausescu, que por cierto fue el único jefe de estado comunista asesinado por su propio pueblo durante la revolucion. Según cuentan, Ceaucescu volvió fascinado de las grandes avenidas de Corea del Norte. En pocos días hizo arrasar barrios enteros desplazando a centerares de familias para construir avenidas como el Boulevard Unirii, que mandó construir un poco más ancho que los Campos Eliseos. Los gigantescos salones albergan 4.500 candelabros, cantidades ingentes de oro y maderas preciosas, bosques de columnas de mármol, kilómetros de alfombras tejidas a mano , etc. En fin, el sueño de un loco. El edificio no está aún terminado y se duda de que llegue a estarlo algún día, ya que el coste de mantenimiento es proporcional a su tamaño. Es un esperpento de visita obligada. Antigüedades a muy buen precio
En los alrededores de la calle Lipscani se encuentra un hervidero de callecitas peatonales o casi sin tráfico, casas bajas con decoraciones del siglo pasado y anticuarios donde se pueden adquirir auténticas maravillas: cristal tallado de Bohemia, muebles art-deco, estatuillas modernistas, y todo tipo de reliquias que han sobrevivido al comunismo. En España muchos estos objetos cuestan un Congo pero en Bucarest todavía se pueden encontrar tesoros a muy buen precio. Y para animar a los clientes a comprar en algunos anticuarios se pueden escuchar conciertos de viola y clavicordio en vivo. Iglesias ortodoxas y la huella de Drácula
Las que quedan en pie son auténticas reliquias. Sus interiores oscuros y sin bancos están repletos de iconos dorados que crean un ambiente sereno. La Iglesia Rusa con cúpulas doradas en forma de bulbo es la más fotogénica y es una réplica de las iglesias moscovitas. Por la Catedral del Patriarca, construida en 1655 sobre una colina desde la que se puede ver la amplia plaza Unirii, deambulan popes y viejecitas de luto y pañuelo en la cabeza , como si el tiempo se hubiera detenido en otro siglo. La Iglesia de Curtea Veche fue erigida sobre los restos de la ciudadela construída por el príncipe Vlad el empalador, el rey de Valaquia. Este monarca es más conocido como Drácula Vlad que, debido a su crueldad, inspiró el personaje de drácula. Bucarest no deja de sorprender ya sea por la fuerte huella que en ella dejó el comunismo, por lo exquisito de sus palacios que se caen a pedazos o por la belleza de sus mujeres de ojos verdes y cabellos negros. Pero hay que visitarla antes de que sea demasiado tarde y los centros comerciales invadan la ciudad.
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